Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino

Evangelio del 31 de marzo de 2026: Martes de la semana santa

📖✨ Evangelio de Hoy 🙏🌟

 

Evangelio de Hoy

 
La Palabra de Dios que ilumina nuestro caminar
Cada día, el Evangelio nos ofrece una oportunidad para encontrarnos con Jesús y renovar nuestra fe. Hoy, la Palabra de Dios nos invita a detenernos, a silenciar el ruido del mundo y abrir nuestro corazón para escuchar la voz del Buen Pastor.
 
 

Un mensaje personal

 
Cuando leemos el Evangelio con atención y oración, descubrimos que no es un texto lejano, sino una carta de amor dirigida a nosotros. Jesús quiere consolar al cansado, animar al que duda, y llamar de nuevo al que se ha alejado. En cada palabra suya encontramos sentido, verdad y dirección.
 
Hoy, tal vez el Señor te está llamando a perdonar, a confiar más en Él, o a dar un paso de fe que has estado postergando. Sea cual sea el mensaje que resuene en tu corazón, escúchalo con humildad y actúa con decisión.
 
Vivir el Evangelio en lo cotidiano
 
La lectura del Evangelio no termina cuando cerramos la Biblia o la app. Al contrario, comienza allí el verdadero desafío: vivir lo que hemos escuchado. Cada día es una oportunidad para encarnar el amor de Cristo en nuestros gestos, palabras y decisiones.
 
Compartir una sonrisa, escuchar con paciencia, ayudar al necesitado o simplemente orar por alguien, son maneras concretas de hacer que el Evangelio se haga carne en el mundo de hoy.
 

Una invitación diaria

 
Que el Evangelio de hoy no pase desapercibido. Que podamos recibirlo como el regalo que es: una luz en medio de la oscuridad, una brújula en medio de la confusión, y sobre todo, una presencia viva que camina con nosotros.
Hoy, el Señor te habla. ¿Estás dispuesto a escuchar y seguirlo?

Hoy es un día perfecto para dejarse iluminar por Su Palabra. ¡Que el Evangelio de hoy sea una bendición para ti y para todos aquellos que lo escuchan con un corazón abierto! ✝️✨📖

 

Calendario Litúrgico

Hoy: Martes de la semana santa

Lecturas y Evangelio de hoy

Primera lectura : Isaías 49, 1-6
Salmo Responsorial: Salmo 70, 1-2. 3-4a. 5-6ab. 15 y 17
Aclamación antes del Evangelio:
Evangelio: Juan 13, 21-33. 36-38

Color litúrgico: Morado

Evangelio del 31 de marzo de 2026: Martes de la semana santa

Primera lectura

Isaías 49, 1-6

Escúchenme, islas;
pueblos lejanos, atiéndanme.
El Señor me llamó desde el vientre de mi madre;
cuando aún estaba yo en el seno materno,
él pronunció mi nombre.

Hizo de mi boca una espada filosa,
me escondió en la sombra de su mano,
me hizo flecha puntiaguda,
me guardó en su aljaba y me dijo:
"Tú eres mi siervo, Israel;
en ti manifestaré mi gloria".
Entonces yo pensé: "En vano me he cansado,
inútilmente he gastado mis fuerzas;
en realidad mi causa estaba en manos del Señor,
mi recompensa la tenía mi Dios".

Ahora habla el Señor,
el que me formó desde el seno materno,
para que fuera su servidor,
para hacer que Jacob volviera a él
y congregar a Israel en torno suyo
–tanto así me honró el Señor
y mi Dios fue mi fuerza–.
Ahora, pues, dice el Señor:
"Es poco que seas mi siervo
sólo para restablecer a las tribus de Jacob
y reunir a los sobrevivientes de Israel;
te voy a convertir en luz de las naciones,
para que mi salvación llegue
hasta los últimos rincones de la tierra".
 

Salmo Responsorial

Salmo 70, 1-2. 3-4a. 5-6ab. 15 y 17

R. (cf 15) En ti, Señor, he puesto mi esperanza.
Señor, tú eres mi esperanza,
que no quede yo jamás defraudado.
Tú, que eres justo, ayúdame y defiéndeme;
escucha mi oración y ponme a salvo.
R. En ti, Señor, he puesto mi esperanza.
Sé para mí un refugio,
ciudad fortificada en que me salves.
Y pues eres mi auxilio y mi defensa,
líbrame, Señor, de los malvados.
R. En ti, Señor, he puesto mi esperanza.
Señor, tú eres mi esperanza;
desde mi juventud en ti confío.
Desde que estaba en el seno de mi madre,
y me apoyaba en ti y tú me sostenías.
R. En ti, Señor, he puesto mi esperanza.
Yo proclamaré siempre tu justicia
y a todas horas, tu misericordia.
Me enseñaste a alabarte desde niño
y seguir alabándote es mi orgullo.
R. En ti, Señor, he puesto mi esperanza.

Aclamación antes del Evangelio

R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Señor Jesús, rey nuestro,
para obedecer al Padre, quisiste ser llevado a la cruz
como manso cordero al sacrificio.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
 

Evangelio

Juan 13, 21-33. 36-38

En aquel tiempo, cuando Jesús estaba a la mesa con sus discípulos, se conmovió profundamente y declaró: "Yo les aseguro que uno de ustedes me va a entregar". Los discípulos se miraron perplejos unos a otros, porque no sabían de quién hablaba. Uno de ellos, al que Jesús tanto amaba, se hallaba reclinado a su derecha. Simón Pedro le hizo una seña y le preguntó: "¿De quién lo dice?" Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó: "Señor, ¿quién es?" Le contestó Jesús: "Aquel a quien yo le dé este trozo de pan, que voy a mojar". Mojó el pan y se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote; y tras el bocado, entró en él Satanás.

Jesús le dijo entonces a Judas: "Lo que tienes que hacer, hazlo pronto". Pero ninguno de los comensales entendió a qué se refería; algunos supusieron que, como Judas tenía a su cargo la bolsa, Jesús le había encomendado comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres. Judas, después de tomar el bocado, salió inmediatamente. Era de noche.

Una vez que Judas se fue, Jesús dijo: "Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre y Dios ha sido glorificado en él. Si Dios ha sido glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo y pronto lo glorificará.

Hijitos, todavía estaré un poco con ustedes. Me buscarán, pero como les dije a los judíos, así se lo digo a ustedes ahora: 'A donde yo voy, ustedes no pueden ir' ". Simón Pedro le dijo: "Señor, ¿a dónde vas?" Jesús le respondió: "A donde yo voy, no me puedes seguir ahora; me seguirás más tarde". Pedro replicó: "Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti". Jesús le contestó: "¿Conque darás tu vida por mí? Yo te aseguro que no cantará el gallo, antes de que me hayas negado tres veces".


 

Reflexión

  • Para mí es mejor morir en Jesucristo que ser rey de los términos de la tierra. Quiero a Aquel que murió por nosotros; quiero a Aquel que resucitó por nosotros… Permitidme ser imitador de la pasión de mi Dios (San Ignacio de Antioquía)

  • El Cenáculo nos recuerda la comunión, la fraternidad, la armonía, la paz entre nosotros. ¡Cuánto amor, cuánto bien ha brotado del Cenáculo! ¡Cuánta caridad ha salido de allí! Todos los santos han bebido de aquí (Francisco)

  • En la Pasión, la misericordia de Cristo vence al pecado. En ella, es donde éste manifiesta mejor su violencia y su multiplicidad: incredulidad, rechazo y burlas (…). Sin embargo, en la hora misma de las tinieblas y del príncipe de este mundo, el sacrificio de Cristo se convierte secretamente en la fuente de la que brotará inagotable el perdón de nuestros pecados (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 1.851)

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