Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino

Evangelio del 14 de marzo de 2026: Sábado de la III semana de Cuaresma

📖✨ Evangelio de Hoy 🙏🌟

 

Evangelio de Hoy

 
La Palabra de Dios que ilumina nuestro caminar
Cada día, el Evangelio nos ofrece una oportunidad para encontrarnos con Jesús y renovar nuestra fe. Hoy, la Palabra de Dios nos invita a detenernos, a silenciar el ruido del mundo y abrir nuestro corazón para escuchar la voz del Buen Pastor.
 
 

Un mensaje personal

 
Cuando leemos el Evangelio con atención y oración, descubrimos que no es un texto lejano, sino una carta de amor dirigida a nosotros. Jesús quiere consolar al cansado, animar al que duda, y llamar de nuevo al que se ha alejado. En cada palabra suya encontramos sentido, verdad y dirección.
 
Hoy, tal vez el Señor te está llamando a perdonar, a confiar más en Él, o a dar un paso de fe que has estado postergando. Sea cual sea el mensaje que resuene en tu corazón, escúchalo con humildad y actúa con decisión.
 
Vivir el Evangelio en lo cotidiano
 
La lectura del Evangelio no termina cuando cerramos la Biblia o la app. Al contrario, comienza allí el verdadero desafío: vivir lo que hemos escuchado. Cada día es una oportunidad para encarnar el amor de Cristo en nuestros gestos, palabras y decisiones.
 
Compartir una sonrisa, escuchar con paciencia, ayudar al necesitado o simplemente orar por alguien, son maneras concretas de hacer que el Evangelio se haga carne en el mundo de hoy.
 

Una invitación diaria

 
Que el Evangelio de hoy no pase desapercibido. Que podamos recibirlo como el regalo que es: una luz en medio de la oscuridad, una brújula en medio de la confusión, y sobre todo, una presencia viva que camina con nosotros.
Hoy, el Señor te habla. ¿Estás dispuesto a escuchar y seguirlo?

Hoy es un día perfecto para dejarse iluminar por Su Palabra. ¡Que el Evangelio de hoy sea una bendición para ti y para todos aquellos que lo escuchan con un corazón abierto! ✝️✨📖

 

Calendario Litúrgico

Hoy: Sábado de la III semana de Cuaresma

Lecturas y Evangelio de hoy

Primera lectura : Oseas 6, 1-6
Salmo Responsorial: Salmo 50, 3-4. 18-19. 20-21ab
Aclamación antes del Evangelio: Cfr Salmo 94, 8
Evangelio: Lucas 18, 9-14

Color litúrgico: Morado

Evangelio del 14 de marzo de 2026: Sábado de la III semana de Cuaresma

Primera lectura

Oseas 6, 1-6

Esto dice el Señor:
"En su aflicción, mi pueblo me buscará
y se dirán unos a otros: 'Vengan, volvámonos al Señor;
él nos ha desgarrado y él nos curará;
él nos ha herido y él nos vendará.
En dos días nos devolverá la vida,
y al tercero, nos levantará
y viviremos en su presencia.

Esforcémonos por conocer al Señor;
tan cierta como la aurora es su aparición
y su juicio surge como la luz;
bajará sobre nosotros como lluvia temprana,
como lluvia de primavera que empapa la tierra'.

¿Qué voy a hacer contigo, Efraín?
¿Qué voy a hacer contigo, Judá?
Su amor es nube mañanera,
es rocío matinal que se evapora.
Por eso los he azotado por medio de los profetas
y les he dado muerte con mis palabras.
Porque yo quiero misericordia y no sacrificios,
conocimiento de Dios, más que holocaustos".
 

Salmo Responsorial

Salmo 50, 3-4. 18-19. 20-21ab

R. (cf Os 6,6) Misericordia quiero, no sacrificios, dice el Señor.
Por tu inmensa compasión y misericordia.
Señor, apiádate de mí y olvida mis ofensas.
Lávame bien de todos mis delitos,
y purifícame de mis pecados.
R. Misericordia quiero, no sacrificios, dice el Señor.
Tú, Señor, no te complaces en los sacrificios
y si te ofreciera un holocausto, no te agradaría.
Un corazón contrito te presento
Y un corazón contrito, tú nunca lo desprecias.
R. Misericordia quiero, no sacrificios, dice el Señor.
Señor, por tu bondad, apiádate de Sión,
edifica de nuevo sus murallas.
Te agradarán entonces los sacrificios justos,
ofrendas y holocaustos.
R. Misericordia quiero, no sacrificios, dice el Señor.

Aclamación antes del Evangelio

Cfr Salmo 94, 8

R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Hagámosle caso al Señor, que nos dice:
"No endurezcan su corazón".
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
 

Evangelio

Lucas 18, 9-14

En aquel tiempo, Jesús dijo esta parábola sobre algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás:"Dos hombres subieron al templo para orar: uno era fariseo y el otro, publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: 'Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos y adúlteros; tampoco soy como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todas mis ganancias'.El publicano, en cambio, se quedó lejos y no se atrevía a levantar los ojos al cielo. Lo único que hacía era golpearse el pecho, diciendo: 'Dios mío, apiádate de mí, que soy un pecador'.Pues bien, yo les aseguro que éste bajó a su casa justificado y aquél no; porque todo el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido''.

Reflexión

  • El corazón es lo que hay que quebrantar. Y no temas perder el corazón al quebrantarlo, pues dice también el salmo: Oh Dios, crea en mí un corazón puro. Para que sea creado este corazón puro, hay que quebrantar antes el impuro (San Agustín)

  • Estamos siempre listos para pasar por inocentes. Pero así no se avanza en la vida cristiana... Antes y después de la confesión, en tu vida, en tu oración, ¿eres capaz de acusarte a ti mismo? ¿O es más fácil acusar a los demás? (Francisco)

  • Sin ser estrictamente necesaria, la confesión de los pecados veniales, sin embargo, se recomienda vivamente por la Iglesia. En efecto, la confesión habitual de los pecados veniales ayuda a formar la conciencia, a luchar contra las malas inclinaciones, a dejarse curar por Cristo, a progresar en la vida del Espíritu. Cuando se recibe con frecuencia, mediante este sacramento, el don de la misericordia del Padre, el creyente se ve impulsado a ser él también misericordioso (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 1.458)

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