Santo del 20 de noviembre
El día 20 de noviembre, la Iglesia Católica honra a un santo o beato cuya vida fue ejemplo de amor, entrega y fidelidad a Dios. A través de su testimonio, somos invitados a renovar nuestra fe y a buscar la santidad en lo cotidiano. El Santo del Día no es solo una figura histórica, sino un modelo vivo de cómo seguir a Cristo. Su memoria fortalece nuestra esperanza y nos recuerda que todos estamos llamados a la santidad.
Vida del santo y legado espiritual
La vida del santo que celebramos hoy refleja el poder transformador del Evangelio. Su camino de fe, marcado por sacrificios y virtudes heroicas, continúa inspirando a la Iglesia. Su legado espiritual nos anima a vivir con mayor entrega y caridad.
Milagros y testimonio de fe
Muchos santos fueron instrumentos de milagros, signos del amor de Dios. Pero más allá de lo extraordinario, su verdadero testimonio de fe fue su vida diaria de oración, servicio y fidelidad. Ellos son ejemplos concretos de cómo vivir el Evangelio en toda circunstancia.
Oración y reflexión cristiana
Celebrar al Santo del Día es también una oportunidad para la oración. Podemos pedir su intercesión por nuestras necesidades y crecer en la reflexión cristiana, dejando que su ejemplo nos guíe en nuestro camino hacia Dios.
Lista de santos del día 20 de noviembre
Un luchador, el Papa Gelasio. Sube al Solio romano en el 496 y en cuatro años llega a extinguir las derivaciones paganas y las herejías como el maniqueísmo, el monofisismo, o el pelagianismo. Algunos de sus principios en materia eclesial son tan avanzados que se los acoge como del Vaticano II.
Calendario Litúrgico
20 de noviembre: Viernes de la XXXIII Semana del Tiempo Ordinario
Lecturas y Evangelio de hoy
Primera lectura:
Apocalipsis 10, 8-11
Aclamación antes del Evangelio:
Juan 10, 27
Evangelio:
Lucas 19, 45-48
Color litúrgico: Green
Reflexión
Corred todos a una a Jesucristo como al único templo de Dios, como al único altar: Él es uno, y procediendo del único Padre, ha permanecido unido a Él, y a Él ha vuelto en la unidad (San Ignacio de Antioquía)
El Templo con su culto quedó “demolido” en la crucifixión de Cristo; en su lugar ahora está el Arca de la Alianza viva de Jesucristo crucificado y resucitado (Benedicto XVI)
Jesús subió al Templo como al lugar privilegiado para el encuentro con Dios. El Templo era para Él la casa de su Padre (…). Después de su Resurrección, los Apóstoles mantuvieron un respeto religioso hacia el Templo (cf. Hch 2,46) (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 584)